El Psicoanalista a través de la palabra,
investiga el inconsciente. Con su técnica, ayuda al paciente a traer a la
conciencia lo reprimido, lo que permanece olvidado en el inconsciente.
El psicoanalista tiene varias entrevistas preliminares con el paciente; a
partir de los síntomas o razones que éste le manifiesta, hace un primer
diagnóstico y propone un plan de trabajo.
La regla básica para que el psicoanálisis se lleve a cabo es que el paciente
diga todo lo que se le ocurra, todo lo que le pase por la cabeza, aun cuando le
parezca que no tiene importancia o es desagradable; que pueda hablar de cosas
presentes, pasadas, sueños, fantasías, anécdotas. etc. Todo lo que el paciente
diga es importante para el psicoanalista, que mantiene una escucha del
inconsciente, es decir una atención flotante.
El psicoanalista, en el proceso de la cura, irá guiándole en la búsqueda,
cuestionándole, señalándole las contradicciones, los lapsus e interpretándole;
o sea, le comunica al paciente lo que es desconocido para él, pero que él mismo
ha transmitido en forma de lapsus, sueños, fantasías, etc. Es decir: su
inconsciente. Con ello, el paciente, se va liberando del peso que lo frustra.
En definitiva: “hablar, poner palabra a
todos sus pensamientos y sentimientos”.
Entre el psicoanalista y su
paciente se origina un tipo de relación basado en la transferencia, por la cual
el paciente revive con su psicoanalista las emociones traumáticas de la
infancia y que se siguen manifestando en el presente en forma encubierta.
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